The Void, el primer parque temático de realidad virtual abrirá sus puertas el 25 de junio de 2016 en Houston.


Comienza con una caja, que gira sin esfuerzo en los dedos de trilero, de mago, de alquimista de Curtis Hickman (Logan, Estados Unidos, 1981). “Este truco me lo enseñó un compañero checo y me inspiró para concebir The Void”.
Hickman levanta la tapa y vemos que dentro hay otra caja cuadrada más
pequeña. La saca y, sin trampa ni cartón, mete la caja más grande en el
interior de la más pequeña y la cierra haciendo volar por los aires
(aparentemente) las leyes de la física. Hay un truco, es evidente. Como
buen mago, Hickman no cuenta cuál es. La idea básica está clara, de
todas formas: ¿cómo engañar a los sentidos para que un espacio reducido
parezca más grande?

Esa es la idea seminal de The Void, el primer parque de atracciones de
realidad virtual y el entretenimiento del futuro, según pretenden sus
creadores: Hickman, asistente de magos como David Copperfield, y Kent Bretschneider
(Fredericton, Canadá, 1967), tecnólogo que hizo fortuna en el campo de
la ciberseguridad y los videojuegos y CEO del proyecto. Se trata de 300
parques temáticos instalados en todo el mundo durante los próximos
cuatro o cinco años. El primero abrirá sus puertas el 25 de junio de
2016 en Houston, sede del proyecto. Y, según anunciaron en la pasada edición del Gamelab
—evento que reúne a las mayores estrellas del sector de los videojuegos
y el ocio digital en Barcelona— España también está en la lista.

¿Y qué se encontrarán sus primeros visitantes? Un casco, un chaleco,
unos guantes, tomarán un arma y comenzarán a vivir una aventura de una
media hora en otro mundo por un precio que oscilará entre los 29 y 39
dólares (26 y 36 euros).

“Teníamos que saltar 20 o 30 años en el futuro más allá del estado
tecnológico actual de la realidad virtual. Hacerla física, no una mera
pantalla de 360 grados que sigue dejándote en el sofá. En casa es muy
difícil crear esto, pero en un entorno controlado es posible”. El
recinto en el que se jugará a The Void, sea para vivir una aventura en
una tierra fantástica al estilo de El señor de los anillos o un combate espacial remedo de Star Wars, es siempre el mismo. Un espacio de 18 por 18 metros que los jugadores recorren con sus cascos de realidad virtual.
La idea funciona porque el mundo que se replica en el visor
se superpone al milímetro, como un adhesivo digital, al mundo real, con
la ventaja de que se puede engañar al espacio. “Desde fuera, haremos que
la gente camine en círculos. Pero ellos no lo percibirán así porque
jugaremos con su percepción, alterando el entorno virtual para que
parezca que avanzan a otros lugares”, afirma Hickman. Lo explica con un
ejemplo muy sencillo: subir un ascensor. “No necesitamos que te muevas.
Tú puedes estar quieto en un sitio que, si te damos una vibración y la
percepción visual de que está en una plataforma que se eleva, te lo
creerás”.



Resolver el problema del espacio es solo uno de la lista de piruetas tecnológicas
necesarias para hacer posible el parque temático. La combinación de
tres dispositivos son las que cargarán todo el peso de la
responsabilidad de que la experiencia en The Void merezca o no la pena.
Por un lado está el visor: al igual que el Oculus o el Morpheus
es el encargado de proyectar, en 360 grados y 3D, el mundo virtual. El
que usarán en The Void combinará tecnología OLED para alcanzar
resoluciones de 1080p en cada ojo, a más de 100 imágenes por segundo y
puntos cuánticos (nanocristales que permiten tamizar luz con enorme
precisión a una escala minúscula) para que la resolución percibida se
doble. Después, el chaleco, una wearable coordinada con el
juego para que si se recibe un balazo se perciba la sensación del
impacto en el punto exacto. Y por último los guantes hápticos, dotados
de sensores de vibración que trasladan la sensación de tacto a lo
virtual.


Pero The Void no se pone límites de ser un mero parque de
atracciones cuyas experiencias se repitan una y otra vez. Quiere ser
también laboratorio de experimentación audiovisual. Durante su
conferencia en Gamelab, Bretschneider alentó a los diseñadores de
videojuegos españoles que copaban la sala a que se subieran al carro de
su proyecto. “Vamos a poner a disposición de creadores indies
herramientas de desarrollo para que puedan diseñar experiencias
innovadoras”. Además, el CEO de The Void asegura que “los actores más
relevantes de la industria del entretenimiento” están a bordo, y que
habrá anuncios en breve al respecto.



Esta nueva apuesta parece probar que la industria está
dispuesta a quemar las naves por lo virtual a corto plazo. No solo para
conquistar los salones de cada hogar, sino también para reinventar los
lugares de ocio tradicionales. “En el fondo, no somos más que unos trekkies, unos fans de Star Wars y de toda la fantasía que quieren hacer realidad un sueño de todos: visitar nuevos mundos”, resume Bretschneider.

Fuente: El País Tecnología

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