Una alfombra robot creada en el MIT acerca al presente la casa del futuro

  • La superficie robotizada manipula objetos en las tres dimensiones.
    Serviría para reamueblar automáticamente habitaciones, crear escritorios
    inteligentes o reinventar las pantallas



La alfombra mágica de Aladino tiene una dura competidora en un laboratorio de nuevos materiales
del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT): una superficie
formada por montón de prismas blancos puestos de pie y agrupados para
formar un mosaico. Su magia se parece a la de un prestidigitador (o un
trilero): manipula los objetos que se posan sobre ella de una forma que
ya quisieran para sí muchos robots antropomorfos. Las primeras versiones
del dispositivo nacieron hace dos años, pero ahora sus creadores lo han
dotado de nuevas funciones para dominar, desde su planitud, las tres
dimensiones del espacio.



Para imaginar qué ingeniería subyace en la
alfombra, hay que pensar en una de esas olas que dibujan los
espectadores en las gradas para animar a su equipo.



Un técnico, grabado por una cámara, hace que la alfombra imite su brazo y su movimiento para sujetar una esfera roja. / © 2012 Tangible Media Group / MIT Media Lab
Para imaginar qué ingeniería subyace en la alfombra, hay que
pensar en una de esas olas que dibujan los espectadores en las gradas
de un estadio para animar a su equipo. La ola no es más que una suma de
espectadores individuales que se levantan en el momento preciso de su
sitio y enseguida se vuelven a sentar; vista de lejos, sin embargo, lo
que se observa es una onda que se desplaza suavemente de un extremo a
otro del graderío.
Cada uno de los prismas que componen la alfombra del MIT se comporta
como uno de esos aficionados. Pueden desplazarse solo hacia arriba o
hacia abajo (solo pueden levantarse y volverse a sentar)
siguiendo la indicación de un ordenador; les precisa cuándo elevarse, a
qué altura y con qué velocidad. Con las instrucciones adecuadas a cada
uno de los prismas, llegan a realizar coreografías perfectas.
 
La alfombra del MIT —denominada técnicamente inFORM pin-based diplay, o superficie de alfileres— está resultando ser, además, una perfecta imitadora de los gestos humanos. Conectada a una cámara, remeda todos los movimientos que realiza ante ella una persona.
Si se le muestra su mano, los prismas emergerán para componer entre
todos una copia del mismo tamaño. Si la mano hace el ademán de elevar
una esfera con la palma, eso mismo hará la copia, y a la misma
velocidad.
 
El resultado es hipnótico, pero también va a resultar muy útil.
Debidamente aleccionados, los prismas pueden imprimir los impulsos
justos para empujar un objeto o apilarlo encima de otro. La alfombra,
además de dibujar, se comporta como un robot: manipula objetos y crea
estructuras en apariencia imposibles. Al estar compuesta de prismas, no
puede dibujar una rampa lisa, pero se las apaña para suplirla: crea en
su lugar una especie de escalera para hacer bajar un objeto hasta donde
se quiera, algo parecido a empujar con mucha delicadeza una caja de
cartón para que, sin romperse, descienda escalón a escalón por una
escalera.
 
También presume de la habilidad para catapultar objetos, dándoles un
golpe rápido en el punto exacto y con la fuerza precisa para que
aterricen donde se desee. Aquí, la metáfora adecuada es la del tiro
saltado de una bola de billar. El taco incide en el punto justo para que
una bola vuele por encima de otras, sin tocarlas.

La conquista de las tres dimensiones



A pesar de sus prodigios, la alfombra tenía una limitación: no podía
crear por sí misma cualquier estructura en tres dimensiones. Si se
deseaba que apilase los bloques para crear la forma de un puente, por
ejemplo, los que hacían de tablero se caían tan pronto como se ocultaban
los prismas que tenían debajo. La alfombra tampoco podía actuar con los
bloques que estaban ya apilados encima de otros.
 
La alfombra inFORM impulsa un cubo por el aire para hacerlo aterrizar
justo encima de otro. A la derecha se aprecian dos bloques ya apilados
por este procedimiento. / © 2012 Tangible Media Group / MIT Media Lab
Para superar ese complejo de plana, los ingenieros del Media Lab del MIT han querido dotarla de nuevos poderes: acaban de presentar unos bloques cinéticos
que reaccionan a los movimientos simples de los prismas. A diferencia
de los bloques inertes usados hasta ahora, estas extensiones transforman
el limitado movimiento vertical en rotaciones o giros. Incluso pueden
formar una suerte de andamios que permitan llegar a un objeto a un lugar
impensable para las limitaciones arriba-abajo (levantado-sentado) de
los prismas. 
 
El equipo ha diseñado cuatro de estos bloques cinéticos:
el extensor, que permite lograr alturas mayores a las que permiten los
prismas; un colgador, un rotador y un dispositivo deslizante.
Combinados, son capaces de transformar el movimiento arriba-abajo de los
prismas en adelante-atrás y derecha-izquierda, es decir, actuar en los
tres ejes del espacio tridimensional. Gracias a eso, han conseguido que
la alfombra, desde su limitación a una dimensión, consiga mover objetos
con una enorme libertad en las tres dimensiones y construir estructuras
más complejas, como objetos de varios pisos con formas caprichosas.
 
Además del deslizamiento y desplazamiento de objetos, la alfombra
está preparada para trabajar con bloques imantados, que pueden adherirse
a otros formando estructuras más complejas.

A pesar de sus prodigios, la alfombra
inFORM tenía hasta ahora una limitación: no podía crear por sí misma
cualquier estructura en tres dimensiones.
 
El ingeniero Philipp Schoessler forma parte del grupo de
investigación en Medios Tangibles del MIT que ha creado el sistema
inFORM. Cree que a pesar de su destreza no puede competir con los robots
de las cadenas de montaje. “Es difícil aventurar lo que nos traerá el
futuro”, apunta Schoessler, aunque, en cambio, sí se atreve a
visualizarlo en su uso doméstico. “Imaginemos una encimera de cocina que
incorpora la tecnología inFORM. Podrías colocar encima una licuadora
que no necesite ningún elemento electrónico, solo mecánico. La
manejarían los prismas de abajo”.
 

No es más que una propuesta más de esta nueva visión de la tecnología, pero no es difícil avanzar algunos usos domésticos:
dormir y trabajar en una habitación que se reconfigura constantemente.
“Cada vez que te acerques a una esquina”, ejemplifica el ingeniero, “la
habitación cambiaría de apariencia (los muebles se cambian de sitio, las
pareces se modifican). Podríamos generar la impresión de que estamos en
un espacio infinito, aunque estemos confinados en un pequeño cuarto”,
aventura el ingeniero.



Las pantallas del futuro puede que no estén basadas en píxeles, sino
una materia que cambie continuamente de forma y adopte la de cualquier
objeto”

Philipp Schoessler, ingeniero en el MIT



Otra prestación alude directamente a la complicidad de los
sufridos compradores de muebles desmontados: “Compras el típico mueble
de IKEA, desperdigas las piezas en el suelo y, atención, inFORM ordena
las partes y piezas iguales en grupos”, señala Schoessler.
 
En otra voltereta, tecnológicamente asistida, de la
imaginación, será el propio suelo el que cambie de forma y cree, como
por ensalmo, un escritorio y una silla para sentarnos o una mesa alta
para tomar algo de pie. El concepto tradicional de domótica se ampliaría
hasta lo imprevisible: “También podría doblar ropa, quién sabe”, señala
Schoessler, “aunque no sabemos si la industria adoptará estas
superficies en un futuro próximo, quizá sí en uno más lejano”. Para el
joven ingeniero, de contar con el apoyo de un socio industrial, “sería
posible ampliar la resolución, la precisión y el tamaño de nuestro
sistema, pero no es nuestro objetivo: no queremos simplemente crear una
tecnología o un producto, sino explorar y concretar el futuro de nuestra
interacción con los ordenadores y los datos”.
Con los nuevos bloques cinéticos es posible ampliar la movilidad que
permite la alfombra. Aquí, un ‘joystick’ central crea una pista circular
para que ruede la bola roja. / © 2012 TANGIBLE MEDIA GROUP / MIT MEDIA LAB
De hecho, desde el MIT se considera inFORM una alternativa viable a las
pantallas tal y como las conocemos hoy. “Nuestro sistema actual tiene
900 prismas en un área de 38 por 38 centímetros, pero se puede hacer tan
grande como una habitación entera o reducirla a un espacio tan pequeño
como la pantalla de un teléfono móvil”. También es posible mejorar la
resolución. Cada uno de esos prismas podría ser tan pequeño, “como los
píxeles de una pantalla Retina“, asegura el ingeniero, que se muestra concluyente: “Lo que queremos es generar debate en torno a lo que es una pantalla. Las
del futuro puede que no estén basadas en píxeles, sino una materia que
cambie continuamente de forma y adopte la de cualquier objeto
“. 
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