El lado «oscuro» de la revolución móvil china



Los «smartphones» asiáticos han cautivado al consumidor
por su bajo precio. Sin embargo, el usuario paga «algo» a cambio que
desconoce  

 
Si has cambiado o piensas cambiar de «smartphone» seguro que has echado un vistazo a los «
teléfonos chinos
». Los fabricantes asiáticos entraron en el sector en 2011 con un objetivo muy claro: triunfar. Y lo han conseguido, tanto en el mundo como en España. Según la firma de análisis Trendforce,
la venta de este tipo de dispositivos en nuestro país creció un 370% en
2014 y su ritmo anual de crecimiento supera el 50%. Las razones de tan
escandalosas cifras son dos: su económico precio que, ligado a unas buenas prestaciones, han convencido al consumidor. Sin embargo, «no es oro todo lo que reluce».


«Son terminales que no están controlados en un país. En ellos, se suelen incluir piezas de publicidad o ‘malware’. Es su punto débil», explica José Miguel Rosell, Socio Director de S2 Grupo, compañía especializada en seguridad. «Al final lo barato sale caro. Cuando no pagas por un producto, el producto eres tú», asegura.


Muchos compradores de este tipo de terminales detectan cómo sus «smartphones» nuevos no funcionan con normalidad, las aplicaciones se cierran de forma inesperada o inexplicables ventanas de publicidad saltan continuamente.

«Comprar un teléfono asiático es una apuesta», apunta Antonio Sanz, consultor de Seguridad de S2 Grupo, quien explica: «Tenemos que tener clara una cosa muy importante: todas las fábricas de componentes están en el sureste asiático (China, Corea del Sur, etc). Esto quiere decir que marcas tan reconocidas como Samsung o Apple también». Los errores, por tanto, provienen de ciertos aspectos que el consumidor desconoce totalmente.


Incompatibilidades y virus


En el caso de los sistemas operativos, lo que muy pocos saben es que cada fabricante personaliza el Android de cara a su propio terminal. Algo que no sucede con iOS. «El sistema operativo de los iPhone viene únicamente con los terminales de Apple», comenta el experto. «Los iPhones piratas son como los Reyes Magos, no existen
-continua-. Todo lo que ves que se vende con aspecto externo muy
parecido al iPhone, e incluso con los iconos muy similares, son Android
hechos adrede para que se parezcan al terminal de Apple».
 
«Al final lo barato sale caro.Cuando no pagas por un producto, el producto eres tú» José Miguel Rosell
 

Por tanto, todos los teléfonos asiáticos funcionan con el sistema
operativo de los de Mountain View. «Android, como tal, es un sistema
operativo que Google fabrica y vende pero muy pocos terminales tienen la versión pura instalada», explica Sanz. Es decir, solo los teléfonos que comercializa Google bajo su propia marca, como los Nexus. «Samsung tiene su propia capa personalizada, TouchWiz, que monta encima de Android lo que le hace tener una serie de particularidades. Es algo que hacen todas las marcas», aclara.


Aunque al usuario, en principio, no pueda importarle, sí tiene ciertas consecuencias negativas para él. «No accedes a la verdadera Google Play», afirma el experto, «sino a un ‘market’ chino donde las aplicaciones pueden traer ‘regalitos’ al no descargarlas de tiendas oficiales». Es decir, troyanos. Por esta razón, saltan publicidades sin sentido o Instagram no funciona correctamente en tu teléfono chino: al tener el sistema operativo modificado, ciertas aplicaciones, además, no son compatibles.


¿Puedo devolverlo?


Cuando el usuario se da cuenta de que ha recibido una versión
«pirata» o su teléfono no funciona con normalidad, intenta devolverlo.
«El consumidor tiene todo el derecho del mundo a hacerlo y que le reembolsen el dinero», recuerda Rubén Sánchez, portavoz de FACUA. El inconveniente de
este proceso está en «desde dónde nos han mandado ese ‘smartphone’»
porque «si ha sido enviado desde un país que está fuera de la Unión
Europea, los protocolos de actuación se complican». Se trata de un proceso lento en el que entran en juego otras administraciones.
 
«No accedes a la verdadera Google Play sino a un ‘market’ chino donde las aplicaciones pueden traer ‘regalitos’»Antonio Sanz
 

Aunque Sánchez recuerda que hay empresarios serios que pueden tener buenos protocolos de actuación, las devoluciones suelen quedarse en la mayoría de las ocasiones en un simple intento por parte del consumidor. Devolver un producto a China, por ejemplo, conlleva tiempo y dinero y,
por esta razón, hay quienes optan por conformarse. En otros casos, los
empresarios asiáticos ofrecen al consumidor una solución «a medias»,
como que se quede con el teléfono además de reembolsarle una parte del
dinero o un vale descuento para futuras compras por el mismo importe.


Cuestión de ciberseguridad


El otro problema que existe con los «smartphones» asiáticos está en sus componentes. Y tiene mucho que ver con la ciberseguridad, algo que queda totalmente fuera del alcance del consumidor pero que, al final, se convierte en víctima. «Nadie
te dice que el chip wifi no pueda tener una ‘puerta trasera’ que puede
obligar al teléfono a hacer algo sin que el usuario lo sepa
», apunta el experto en seguridad. Precisamente, ese es el miedo de EE.UU., que quiere evitar que toda la electrónica se haga en el sureste asiático por miedo a que alguien modifique los terminales con el objetivo de, por ejemplo, espiar.


Pero ahí no queda todo. «El problema que tenemos -apunta Sanz- es que China tiene muy buenas relaciones con sus grandes empresas, como Huawei». No hay que olvidar que, por ejemplo, Sun Yafang, directiva de Huawei, fue la jefa de la MSS, es decir, la CIA china. Por tanto, conoce a la perfección el espionaje. «Tampoco hay que olvidar el escándalo que hubo con ZTE porque traía una puerta trasera de fábrica», recuerda el experto. «Hay también terminales Xiaomi que llaman a casa de vez en cuando. ¿Y transmiten algún tipo de información? Es lo que muchos expertos analizan», añade Antonio Sanz.


«El usuario desconoce este tipo de aspectos porque no ha sido hasta ahora cuando la ciberseguridad se está dando a conocer», apunta José Miguel Rosell. Ambos expertos coinciden en que el consumidor no debe olvidar que no tiene un simple teléfono en sus manos. Un «smartphone» es como un ordenador y está conectado a internet. «Estamos completamente expuestos», recuerda José Miguel Rosell. Al fin y al cabo, la ciberseguridad es cuestión de todos.

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